ROBOTICA



Emociones, sentimientos, dolor… ¿hasta qué punto son cosas de robots?
Hasta ahora sólo hemos tratado el tema de la inteligencia, la razón, la parte objetiva del ser humano que se complementa con las emociones y sentimientos, la parte subjetiva. Ambas están relacionadas y no se puede hablar de mente humana sin tener en cuenta cualquiera de las dos. Sin embargo, en lo que a máquinas se refiere, el tema puede dar lugar a un intenso debate.
Una gran parte de los proyectos futuros tienen por objetivo generar máquinas que sirvan a los humanos, de hecho ya existen restaurantes cuyos camareros son robots serviles y hospitalarios. No sólo en el ámbito de la hostelería podríamos aplicar este caso, sino también en todos aquellos puestos de trabajo que requieran algún tipo de trato con el cliente. Incluso podríamos dedicar robots al cuidado de nuestros niños y mayores.
Aquí es donde surge la necesidad de un ente completamente humanizado, tanto estética como emocionalmente. Un robot empático que sea capaz de identificarse con el humano prójimo y lo suficientemente similar a éste para generar un clima de confianza. Según afirman una serie de investigadores pertenecientes a las universidades de Hong Kong, Pittsburg e Illinois: “Porque las personas son animales sociales, los robots que interaccionan con personas serán comunicadores más efectivos si son capaces de tener una teoría correcta de las expectativas sociales de sus interlocutores” Al fin y al cabo, y por muy paradójico que suene, la situación citada requeriría un robot con personalidad.
Sin embargo, son muchos los especialistas que no ven lógico dotar a una máquina con aquellas cosas que son tan típicamente humanas.
“La cosa en materia de robótica ha llegado hasta extremos tan paradójicos que algunos investigadores piden que no se acentúen los rasgos humanizadotes, pues ello podría inducirnos a esperar más de lo que razonablemente cabe tratándose de una máquina: «es necesario mantener un nivel de roboticidad (robotness), a fin de que el usuario no se cree falsas expectativas en relación a las habilidades emocionales del robot». Tal prudencia sería tanto más oportuna cuanto que «un robot no es humano y, en consecuencia, conviene que su forma difiera de la de un humano»”.
Entre todos los motivos que el autor da para justificar su opinión, cabría añadir el hecho de que por muy avanzado que llegara a ser un robot en cuanto a tema de sentimientos y emociones, jamás podrá alcanzar a un ser humano debido a su naturaleza. Como bien dice el texto, un robot es una maquina; y su empatía hacia un humano nunca será equiparable a la confianza que dos personas puedan tener entre sí.
Ya hemos hablado de sentimientos de una manera bastante general. No obstante, hay una sensación bastante concreta que convendría tratar pues es común a todo ser vivo y fundamental para su supervivencia: el dolor.


Practicas de laboratorio de Robotica

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